REVISTA DE PRENSA: TRIUNFAL REAPARICIÓN EN LIMA

El tiempo de espera ha finalizado y el diestro Andrés Roca Rey vuelve al ruedo con entrega y éxito, tras haber cortado la temporada forzosamente en el mes de julio tras una lesión en el hombro derecho. Tras estos intensos meses de recuperación, el diestro peruano ha vuelto a los ruedos en su tierra, en la plaza de Acho (Lima) en la primera corrida de la Feria del Señor de los Milagros. Uno de los carteles más esperados del año, de mayor expectación ante la vuelta a los ruedos de Roca Rey.

Con la plaza llena, Roca Rey ha recibido una gran ovación al término del paseíllo que recogió saludando desde el tercio. Quiso el diestro agradecer a los aficionados brindándoles el primer toro de la tarde, de El Olivar, al que le cuajó una gran faena cortando las dos orejas.

Ha vuelto el Roca Rey de siempre, sin notarse los meses de calvario que ha pasado y en plenas facultades. Todavía faltaba un toro, el sexto con el que mostrar su toreo verdadero. De nuevo, el diestro mostró su mejor toreo ante el de La Viña, al que cuajó una gran faena pero marró con los aceros. Una fuerte ovación para Roca Rey en una exitosa y esperada reaparición.

Jaime de Rivero, en su crónica El Confidencial titulada “Roca Rey sale a hombros en Lima en su regreso a los ruedos”, destaca el temple con el que el diestro supo abordar su primera faena y cómo sacó el mejor partido posible en la segunda.

“La faena de la tarde fue la de Roca Rey con el tercero de El Olivar, abanto y de poco recorrido en el primer tercio, al que supo lidiar de salida con verónicas de buena factura. Lo dejó crudo en varas para proseguir con el quite por chicuelinas, rotundas por lo ceñidas y riesgosas, que puso al público de pie. Ante una plaza entregada, brilló con estatutarios iniciales que fueron el mejor preludio para el toreo fundamental.
Con un temple formidable aprovecho la fuerza del animal para alargar las embestidas, redondeando series importantes por el pitón derecho. Por el izquierdo no había la misma predisposición. Faena cimentada en el valor y el temple que culmina con cambiados, estatuarios y demás adornos. Estocada arriba que derrumba al toro sin puntillas y dos orejas indiscutibles.

Con el sexto de La Viña Roca Rey demostró su consabida calidad lidiadora y la capacidad para sacar provecho de un pozo vacío. El de El Olivar, noble, pero sin fuerza ni codicia, no ofrecía posibilidades de lucimiento. El peruano aportó lo que el toro no tenía, logrando armar series de muletazos, algunos de buena factura, a un toro parado y que eran imposibles de imaginar momentos antes Falló con el acero, dejando en silencio una labor que el público no supo reconocer.”

Pablo J. Gómez Debarbieri, en su crónica a toda página en El Comercio de Lima titulada “Andrés Roca Rey: protagonista que jamás decepciona”, destaca la capacidad de sorprender del peruano tras emocionantes embestidas:

“La banda arrancó el pasodoble del torero, mientras este hilvanaba soberbios derechazos, cuya intensidad fue in crescendo conforme avanzaba la faena. Bajó mucho la mano para conducir la emocionante embestida. Ocho magníficos naturales: cinco de uno en uno y tres ligados; el público puesto en pie. Más naturales y derechazos, para de pronto– sorprender con una capeína, derechazos, un cambiado por la espalda, un enorme natural y el de pecho; todo ello ligado. ¡Bendita sorpresa! Bernadinas espeluznantes y espadazo; el toro salió rodado de los vuelos de la muleta. Dos orejas rotundas y vuelta al ruedo apoteósica. El público se desgañitaba ¡torero, torero, torero!”

Pedro León Martínez y Alfredo Ruzo, en su crónica en Diario Uno de Perú titulada “Con triunfo de Roca Rey se realizó la primera corrida de abono”, señala el mérito de Roca Rey y la trascendencia de la gran faena del joven torero:

“Roca Rey ha vuelto dispuesto a recuperar rápidamente su lugar en el escalafón de matadores. Con el capote y con la muleta ha estado dominador como siempre. Su primera faena ha sido una lección de dominio tanto con la derecha como con la izquierda. Un estoconazo en todo lo alto que mata sin puntilla y hay un mar de pañuelos que pide y obtiene para el diestro peruano las dos orejas del toro. El sexto toro ofrece dificultades desde la salida. Aparentemente el animal no sirve y sin embargo tras un vistoso quite por faroles, con la muleta muestra el enorme poderío de su muleta. Entra a matar después de haber exprimido al toro, luego de un pinchazo remata con el descabello y solo queda en ovación y luego la triunfal salida en hombros.”