REVISTA DE PRENSA: APOTEOSIS EN SAN ISIDRO

El incontestable triunfo de Roca Rey en su primera comparecencia en San Isidro, donde cortó dos orejas a un toro de Parladé, ha supuesto un aluvión de alabanzas tanto de aficionados como por parte de la prensa. El torero limeño, que fue durante horas primer Trending Topic en Twitter en España, ha acaparado portadas y elogios en las crónicas del festejo del miércoles en Las Ventas.

 

 

Vicente Zabala, en su crónica en El Mundo titulada “El Rey no falla: Roca revienta Madrid“, destaca la capacidad de sobreponerse a las adversidades del joven matador:

Una marea humana balanceaba a Roca Rey por la calle de Alcalá. Con la réplica del movimiento telúrico que había dinamitado la Puerta Grande y estremecido Madrid. Hasta el golpe de autoridad de última hora, RR sufrió. Como saben sufrir y encajar los grandes. Como remontan los elegidos. Desde una situación agónica que lo tuvo contra las cuerdas después de besar la lona. Pero el Cóndor del Perú levantó la rodilla hincada, regresó de la enfermería y desbarató las teorías del bajío. Maderero, de Parladé, la guinda de una corrida cinqueña, volteó la situación de emergencia. Y el número 1 confirmó por qué lo es: porque cuando llega el día D y la hora H no falla.Y cuajó la excelsitud del ritmo domecq a cámara lenta. De regreso de la enfermería. Con una izquierda opiácea, de propofol en vena y cloroformo en su muñeca. Los tendidos bramaron desde el lío de cambiados que hipnotizó al juampedro de mansitos inicios de lidia, el toque perfecto para su torrente de bravura. Roca ligó en creciente despaciosidad, cada vez con mayor profundidad, siempre el mismo atalonamiento. Un cambio de mano superlativo anunció su zurda clamorosa. Que enloqueció una plaza que lo abrazaba con una verraquera rendida. Las bernadinas últimas de apasionante entrega, el espadazo hasta los gavilanes, la catarsis de una tarde que había nacido con muy diferente sino.”

 

 

Andrés Amorós, en su crónica de ABC titulada “Faena de gran figura del toreo de Andrés Roca Rey“, destaca el incontestable estatus de primera figura del toreo del matador:

Sale de la enfermería para matar al último, que mansea, muy suelto. Traza buena verónicas, cargando la suerte. Como el toro tiene movilidad, comienza con los habituales muletazos cambiados, que enlaza con un natural y el de pecho. La primera tanda de derechazos, muy largos, muy mandones, con la muleta muy baja, ya levanta un clamor: liga, conduce la embestida, se lo enrosca a la cintura. Un lento natural se convierte en un circular, que pone a la gente de pie. Se suceden las tandas de naturales con gran dominio y temple. Recuerdo lo que decía mi amigo Federico de los muletazos de Antoñete: «No son naturales, son catedrales». Catedrales del auténtico arte del toreo. El toro ha sido muy bueno pero acaba yéndose a tablas: recurre entonces a las bernadinas temerarias, que encandilan al personal. Suena el aviso antes de la rotunda estocada. Nadie le discute las dos orejas y la Puerta Grande. ¿Quién decía que no domina el toreo clásico? ¿Quién ponía en duda que es una auténtica primera figura? Después de esta tarde, en Las Ventas, espero que ya, nadie.”

 

 

Sixto Naranjo, en su crónica “Cumbre de Roca Rey en Las Ventas” para Cope, hace hincapié en la fiabilidad del peruano y su condición de crecerse ante los retos más complicados:

Su raza, su capacidad de aguante y ese desbordante torrente de toreo que tiene en la cabeza y ejecuta el resto del cuerpo, hacen de él un torero total. Así ocurrió en su primer paseíllo en la Feria de San Isidro. Un abono hecho en torno a su figura. En tres carteles en los que él tiene la responsabilidad de principio a fin. Fue en el sexto, el mejor toro de la corrida de Parladé. Andrés había salido de la enfermería tras haber sido atendido de esa cornada sufrida en su primer oponente. Un astado que no dejó entrever en los primeros tercios el fondo que iba a sacar en el de muleta. Tras brindar al público, el ‘Cóndor’ (Victorio Duque dixit) se puso en centro del ruedo. La muleta como imán para pasarse al toro por la espalda en varias ocasiones con la facilidad de quien mueve una bandera. Las primeras tandas en redondo fueron fundamentales para encelarle. Mano baja y obligación para que el animal se entregase. Y vaya que si se entregó. A más el toro y a más el torero. La faena explotó al natural. Rotundo el trazo, por profundo y perfectamente tocado para la ligazón. Dos tandas por este palo pusieron la plaza boca abajo. Y el final por bernadinas de asfixiante ajuste abrochadas de una ampulosa trincherilla. Después llegó la estocada y las dos orejas incostestables.”

 

 

Patricia Navarro, en su crónica para La Razón “Madrid se rinde a un descomunal Roca Rey” destaca el mérito de lo acontecido tras la violenta cogida:

Pasión hubo en la Puerta Grande hasta derribarle, hasta hacerle caer, como si fuera uno más de nosotros, y no era. Roca Rey había enloquecido Madrid por todos los poros. La emoción fue un torrente que lo inundó todo en una corrida que se recordará para los restos. La tarde de Roca Rey transitó la dureza del percance, la cogida, una tremebunda voltereta en la que el toro le despedazó el cuerpo, le hizo jirones la taleguilla, zarandeado para un sitio y para otro, entre los pitones del toro, los muslos, el cuerpo del torero viajó con una agresividad tremenda hasta salvarse. Hasta costaba pensar que detrás de ese remolino de pitonazos no hubiera una cornada de gravedad. Verdad descomunal la suya ante un toro que tenía un punto de incierto y más claridad al natural. Pidió alivio rápido, no quitarse, no irse, volver al desafío del ruedo. Y así fue con el sexto, esta vez de la divisa titular de Parladé. Y nos vino, nos pasó por encima de pronto una tormenta de emociones de las que tardas en recuperarte días, porque te han movido los cimientos. Nada ocurrió bajo los parámetros de la banalidad. Salió suelto el toro en los primeros compases de la faena hasta que de pronto, uno y otro, hicieron click y aquella ecuación resultó perfecta. Un viaje a las emociones, al rugido profundo de Madrid. Roca se había desquitado con dos o tres pases cambiados por la espalda de los que no dejan de ser un alarde de valor, pero se puso a torear. A torear de veras. Primero por la derecha, sometido el toro, roto y entregado a la muleta. Era imposible no hacerlo. La magia del toreo fluía ante las 24.000 personas que estábamos allí. El “No hay billetes” que el torero venido del Perú se había encargado de colgar. Lo cuajó por la diestra, en un palmo de terreno, temple exquisito y tan por abajo que aquello explotaba por la emoción. Se encontró también al natural, y en los cambio de mano, y en la eternidad de los pases de pecho a la hombrera y en el misterio de un torero nacido para revolucionar la Tauromaquia. Un auténtico elegido. Con Madrid en pie, el toro, extraordinario, hecho ya a su imagen y semejanza, nos puso el corazón a bombear, más todavía. Las bernadinas fueron de infarto. Tremendas, ajustadas, desafiantes, una locura. La locura de la ambición. Se fue detrás de la espada, como nos fuimos todos, no podía haber otro fin para lo que había pasado en el ruedo de Madrid. Las dos orejas fueron incontestables, como la Puerta Grande, un triunfo de verdad, un éxito con toda la verdad. Madrid se caía. Rendida.”